Adioses


No podría dejar pasar este día por alto, el recibimiento de la noticia: los pelos como escarpias y a continuación, lágrimas, quizás es que yo soy demasiado sentida.

Murió Mario Benedetti.

Difícilmente puedo expresar con palabras la pasión, paz, compromiso y alegría que desprendía en sus textos, el mayor regalo que nos ha podido dar en vida, el mejor legado de un poeta y escritor.

Como dice Sabina: "...yo quiero hacer una queja a los dioses que se llevan a los artistas tan temprano y dejan vivos a tantos hijos de puta".

La ida de Benedetti deja un amargo sabor a soledad entre sus seguidores, triste silencio "no hay nada más ensordecedor que el silencio".
Difícil es saber que habrá encontrado la paz allá donde esté, ya que "jamás su alma encontró la paz en vida", nisiquiera con la alegría.

Benedetti volvió con su Luz, mientras nosotros, los que fuimos suyos, seguiremos haciendo lo que mejor nos enseñó, Defenderemos la alegría.
Hay muchas formas
de despedirse
dando la mano
dando la espalda
nombrando fechas
con voz de olvido
pensando en nunca
moviendo un ramo
ya deshojado
por suerte a veces
queda un abrazo
dos utopías
medio consuelo
una confianza
que sobrevive
y entonces triste
el adiós dice
que ojalá vuelvas

¿Liberación?

Todo esto es muy extraño. Es domingo y siento cierto sabor agridulce.


Hay veces que no sé que pensar, cambio tantas veces de opinión al día, a la semana, al mes, que siempre siento la necesidad de pararme más de dos momentos a pensar las cosas, ¿miedo a actuar?, miedo a equivocarme, a dejarme llevar por los impulsos.
Demasiado impulsiva, falta de sosiego, exagerados son los esfuerzos que en ocasiones debo hacer para controlarme, todo por controlarme.


Puedo calcular que hace... como un año que alguien me hizo un gran daño emocional. Me río muchas veces de mi misma, cuantas veces otras personas se lo habrán hecho a otras, lo mismo, exactamente lo mismo, incluso peor, y muchas salen invictas y en ocasiones, a veces yo, continúo dándole vueltas al asunto sobre como debí actuar, sobre deber o no deber hacer algo en la actualidad, y más y más vueltas, y la respuesta era sencilla, si no hice nada y... seguí pensando en deber o no deber hacer algo, estaba demasiado claro que no hacía lo correcto. Cambiar las variables, y dejar de pensar que las constantes cambiarían solas.


Los hechos, terminaron viniendo solos, casi dados, o eso, o yo supe, por fin, aprovechar la situación.

Fue suficiente recibir un lo siento, y fue necesario responder con un "todo el mundo tiene el derecho de elegir quien quiere que le acompañe en su camino, y yo no te elijo a ti" para entender que al final, esa frase era la necesaria para poder sentir un "Te perdono" pese a ser totalmente todo lo contrario.


Cuando uno siente que de verdad, ha hecho lo correcto, el perdón es al final la redención.




A partir de aquí, todo debería ir bien, ¿no?